lunes, 27 de agosto de 2012

¡Vamos campeon!




¿Por qué cuando una situación nos tensa en demasía, cuando estamos apabullados de obligaciones y las compartimos con cualquier entidad física, el otro tiene que expeler esa fatídica frase “En vos confío”… o “vos podes”.?
Esa frase es el detonante para que aquella persona que atraviesa una instancia tirante, comience a experimentar –en primer momento- sudor… sudor excesivo. Esos casos en donde todo el cuerpo se distiende y una corriente eléctrica se adueña del organismo.
Porque con esa pequeña expresión “Sé que podes”, están delegando en la otra persona todo tipo de responsabilidad…
Llevado esto al plano académico, nos sentimos en la obligación de salir airosos de una instancia evaluativa, de manifestar conocimiento, de demostrar que sí, podíamos… pero ¿A costa de qué? ¿Y si el resultado no es favorable? ¿Y si erramos porque eso es humano?
No es un contexto alentador cuando escuchamos esa oración pero… ya se dijo. Ahí está… amenazando nuestra integridad (¿?) e intentando suplir carencias que pueden coexistir pero que con esa simple y llana expresión, nos determina.
¡Basta! Tengamos derecho al error, a la caída… a tener un resbalon, un descuido y no ser juzgados.
A uds. Sres., que van por ahí intentando alentar al resto, que palabra mediante no se dan cuenta del grado de nerviosismo que instauran en los futuros profesionales, de la falta de concentración que se genera una vez que comentaron la plegaria… Porque es eso, vana fe. Creer que el convencimiento de que el “otro puede” es harto suficiente para fundar el rédito ajeno. Hace falta mucho más que unas cuantas invocatorias a espectros cuya existencia se debe a la certificación colectiva, para crear conocimiento.

Aguante Locke, el iluminismo y el pastel de calabaza.