martes, 8 de enero de 2013

Engaños infantiles.



¿Cuántas veces pasó que los adultos nos han contado  durante nuestra infancia, mitos urbanos, leyendas o esas mentiras piadosas (categoría que no termino de identificar) y ya de grandes, descubrimos por nuestros propios medios las argucias de los cuales hemos sido partícipes involuntarios?
Nos han mentido ya en el colegio con Sarmiento, San Martín y Rivadavia. Gentileza de Arturo Jauretche y su "Manual de Zonceras Argentinas" que supo desmitificar aquellos testimonios que recopilaron en su momento la (quebrada) Editorial Kapeluz, Santillana y afines.

Hoy hablaremos del murmullo, la farsa y la novela que se despliega en base a entelequias fraguadas por los grandes sea para generar atención, distracción, impartir autoridad o instalar el miedo y la angustia propia de la etapa infantil.
Comencemos con los famosos "duendes del jardín". Minúsculos entes de escasos centímetros de altura que se distinguieron por ser cómplices de dibujos animados y ahora, habitantes de los parques de nuestros hogares. Pueden vivir debajo de una maceta (aplanados de la misma forma que la vinchuca), detrás de una hoja (de muérdago, helecho, etc) o en la enredadera. Periódicamente los niños evitan estar cerca de los puntos citados por miedo a ser observados por estos elfos hogareños mientras los adultos, (padres,  tíos, hermanos, abuelos, primos y hasta visitantes) carcajean hasta toser.
En los meses de Diciembre y Enero es frecuente encontrar elementos alusivos al señor barbudo (y NO estoy hablando de Dios, claramente). Me refiero a Papá Noel (designación con acepciones varias de acuerdo al lugar el mundo en el que nos encontremos) y posteriormente los tres monarcas de Oriente, también conocidos como los Reyes Magos. Esta situación genera incongruencia puesto que en el afán de generar y sostener la fantasía en el niño, el adulto se ve inmiscuido en una posición casi absurda al intentar escenificar el personaje imaginario vistiendo un traje invernal en este cuadrante del planisferio, considerando que la temperatura promedio son los 32°C (descontado el castigo que hemos recibido el último 24 de Diciembre con temperaturas que oscilaron entre los 48°C - 50°C). Todo sea por arrancar una mueca positiva de la je... del rostro de los pequeñines.
Llegando el 05 de Enero, las familias se preparan para recibir a estos tres hombres de rara procedencia, sin apellido aparente y con regalos de origen eventual. Tardes enteras recabando por izquierda un poco de pasto, colocando en un fuentón agua para dar de beber a "los cansados camellos"... y a la mañana siguiente... veremos barro dentro del mismo piletón, falseando la pisada de los dromedarios. Atenti con levantarse en medio de la noche y encontrar a tu abuela, cruzando el jardín en enagua arrancando un poco de pasto. Imágen que no quiero plasmar.
Otro personaje basado en una quimera es el Ratón Pérez. Ya de sólo pensar que un roedor hurga en mi almohada, debajo de mi cabeza intentando robar una pieza dental... no me provoca exaltación y ansiedad, precisamente. Me parece algo totalmente lóbrego, apagado, y repulsivo pensar que una simple y llana rata es el héroe de los inofensivos aprendices. Hubiera preferido, en lugar de fortalecer este cuento, festejar conjuntamente con el odontólogo en pos de la renovación dental.

¡Si nos habrán amenazado con "El viejo de la bolsa"!... Figura masculina de dimensiones gigantes comparadas con nuestros cuerpos de apenas 5 ó 6 años, amenazando irrumpir en nuestras casas si no acatábamos las órdenes de dormir la siesta. No tenía rostro, no tenía nombre... pero sabíamos que ahí estaba: acechando los techos, aletargando nuestro sueño e incitándonos a silenciar nuestra voz.  Quizá sea ésa la fuente que ahora, después de haber pasado la adolescencia (sic), idolatre esa etapa del día...

Asumo que en otras culturas, en ciudades de otros continentes o -incluso- en lugares de los cuales no tenemos noción de su existir, abundan estas parábolas pululando en las generaciones, instaurando ese poderío que las personas ya crecidas intentan impartir y perpetuar en los niños. Dominio transitorio, hasta que el puber toma conciencia que él también -ahora- puede torcer el destino de sus padres a través de verdades encubiertas en materia de salidas nocturnas, consumos de bebidas y... otras yerbas.

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