jueves, 26 de abril de 2012

Lectura veloz.

La vida de todo estudiante es en sí misma interesante... es diacrónica por un lado, dado que ocurre en una línea de tiempo. Trayecto que puede tener diferentes etapas y picos tal como lo representa la campana de Gauss. En un primer momento, empezamos la carrera con toda la intensidad que la situación lo requiere. A medida que transcurre el tiempo, el embelesamiento decae un poco por los avatares de la cursada, los profesores, las pocas horas de sueño, la estructura edilicia que no incentiva en lo más mínimo la concurrencia y los compañeros de clase que pocas veces devienen en una amistad.
Como sea, el terreno que hoy nos convoca es el ambiente universitario y detengámosno a pensar en las escenas remotas en las que un estudiante, por ejemplo, intenta seguir el hilo de la cursada. El estar al día con los anexos supone una ardua tarea ya que la mayoría de las veces, no soleemos leer el apunte sentados detras de un escritorio con la luz artificial ( o natural) en todo su esplendor. A veces nos encuentra en el colectivo, transporte público que traslada gran caudal de gente... si tenemos suerte vamos sentados, no cómodamente porque corremos el riesgo del amontonamiento (sin contar con las condiciones higiénicas del viajero), los cuales en pos de cuidar sus pertenencias colocan delante de sí carteras, mochilas, bolsas que impactan directamente sobre nuestro rostro haciéndonos contorsionar hasta terminar en posición fetal.
También puede pasar que interrumpan el suministro de luz. Y esto ocurre tanto en las combis que circulan por la Capital Federal como así también en estos colectivos de líneas interurbanas en donde por ser primera hora de la mañana, suponen que todos los pasajeros duermen... No señor. Uno cuenta con granitos de arroz los minutos la duración del viaje para poder aprovechar al máximo ese itinerario para absorber conocimiento (sic).  Y ahí... nos vemos en la pericia que denotará nuestras aptitudes para poder encontrar fuente de luz sea a través de los recovecos que se dan entre los pasajeros de pie dejando filtrar el resplandor del único tubo de móvil, o por medio de la ventana, la cual permitirá (o no) entrevér la luminiscencia irradiada por los postes de luz de la calle que al ser muy temprano, aún se encuentran encendidos.
El educando aprovecha también otros medios de transporte como ser trenes en hora pico (puesto que las clases para estudiantes/empleados siempre terminan en un  momento del día clave y neurálgico para movilizarse a traves de la ciudad), subtes... corriendo con la ventaja (desde el punto de vista nuestro) de alguna demora, manifestación, revelación o interrupción del servicio por causas fourtuitas.
También se encuentran en la vía pública demostraciones de la (falsa) devoción por la lectura, en donde no cuesta identificar a aquella persona que camina con la vista fijada en una hoja A4, portando en su mano un fibrón verde o amarillo (ya sin color pero que no será reciclado en tanto la saliva sea una extensión de la tinta que posee el reservorio del marcador).
No estamos pidiendo que la gente deje de intercambiar palabras en el subte, o en el colectivo en donde en la mitad de un apunte de Sociología,Psicología evolutiva o El Manifiesto Comunista, se interpelan comentarios sobre como "Martín no se puede levantar temprano lo fines de semana porque viene roto de bailar" o "Cómo puede ser que la hija de Rosa que estaba en el Hospital, se entere que es verdaderamente progenitora del novio de la adolescencia de su madre, y no de su pareja actual" (Claramente, argumento de alguna de las tiras de television que la gente consume porque intenta ver en esos programas una vida a la cual no pueden ni si quiera aspirar pero que les genera satisfacción no sólo saberlo, sino aceptarlo y cotejar diferentes sueños aplicados a ellos mismos)
Tampoco se expide una solicitada en pos de algun asiento libre para estudiantes: hay para embarazadas, hay para gerontes, hay para discapacitados... pero nadie se pone a pensar en el aprendiz, el cual carga con pesadas mochilas, carpetas, apuntes y libros que podrían ser reciclados para una entidad benéfica pero que en cambio... están sirviendo de pilar para una futura profesión.
Estamos ante la simple y llana petición de un poco de luz señores, natural... aritificial... lo mismo da. Sólo eso.
Así que la presente, va dirigida al chofer de la línea 100 que hoy a la mañana salió de la estación Lanús a las 06.22am (Ramal 1, por Pavon) y me apagó las luces una vez iniciada la travesía... No tenía posición alguna para encontrar claridad... una chispa, una halo de luz proveniente hasta de un celular...no estaba bien despierta  y la "síntesis" de las fotocopias se asemeja a la onda QRS del electrocardiograma.
Como en el Quini... vendrá la revancha.

martes, 17 de abril de 2012

Hola.

 El saludo es un hábito incorporado en casi todas las culturas. Puede variar el modo en que uno lo practica como así también el contexto. El que hoy nos convoca refiere al ámbito laboral... Esas situaciones en las que nos vemos obligados a cumplir con el estatuto social pero que -al pensarlo más de una vez- todo se complica. Veamos unos ejemplos.

a) Almuerzo.
Nos integramos en un comedor común en el que la mitad de la gente... bueno... está comiendo. Irrumpimos en la sala con un "Buen provecho" (porque si decimos  o , podemos herir a aquellos que utilizan como rango comparativo las 12am para distinguir antes y después del meridiano; otros infieren en la "tarde" después de las 13hs; algunos otros saludan con esa expresión sólo después de almorzar... y unos pocos decimos "Buen día" en tanto no hayamos visto a esa persona durante toda la jornada). Volviendo al ámbito, concluimos en un "Buenas tardes"... Y en ese momento... si prestamos atención, podemos ver a diferentes personas que en el acto de no faltar a la educación pueden incurrir a ella en el mismo gesto. ¿Cómo? Al querer contestar y terminar de digerir la comida que se encuentar en la cavidad bucal, con lo cual en un ademán apresurado por tragar, pueden ahogarse y consecuentemente, exhibir un color violáceo y un brillo en los ojos como notación de la asfixia percibida.

b) Casual.
Esos encuentros ocasionales en la entrada del Edificio, en los ascensores... los cuales duran milésimas de segundo y sin embargo nunca se sabe cómo reaccionar. Si se pasa por al lado de la persona, el solo contacto visual bastaría para cumplir con la costumbre, pero en ese instante... uno pocas veces sabe si éso es suficiente. Ocurre la contorsión involuntaria para acercarse a la otra persona, aún desconociendo si la otra entidad se volcará sobre nosotros para contribuir al gesto. En ocasiones positivas, resulta. En otras, nos quedamos a la espera de ese saludo que no vino, que no pasó y que intentamos remediar con cualquier otro gesto que opaque la turbación que nos inunda durante los segundos anteriormente vividos.

c) Como último ejemplo tomamos esas situaciones en las que no recordamos el nombre del otro, de aquel sujeto que vemos a diario, con el cual hemos compartido esperas de ascensor, la expectativa de ver cómo se cocina la comida en el microondas y quién sabe si también nos lo hemos encontrado intentando zarandear la máquina de golosinas cuando el artículo que queremos está ahí... al borde... a punto de ser lanzado hacia nuestras manos... pero no. Casi... quizá.... por poco, pero NO cae.
Ante este hecho intentamos no usar -obviamente- nombres propios, porque es justamente lo que no podemos evocar. Preguntas ambiguas como "¿Cómo le va?" "¿Todo bien?" o "Hace mucho que no lo/a veía" auxilian al emisor del mensaje.
Otras veces, esperamos que más gente se sume a la reunión improvisada intentando menoscabar nuestro grado de ansiedad por enconmendar a la  memoria, en el afan de sujetar el nombre en el caso que ocurra la mención.

Todos estos ejemplos citan el tan ponderado "Saludo laboral", generador de sudores improvisados, enrojecimiento facial, tos convulsa ( producto del típico catarro nervioso) y otros tipos de sintomatologías que tan al descubierto nos dejan.

martes, 10 de abril de 2012

Coco rayado.

Era una fecha difícil. El encuentro prometía ser angustiante sabiendo la dupla de intereses que había en juego: la sumatoria de puntos y como ápice de las noticias, la continuidad o no de Basile.
Como en toda ida al Cilindro, uno reúne las energías que pretende contagiar en el equipo. La caminata se despliega de manera intensa y firme, como si la idea de tocar el piso de en forma resuelta y decidida aportara aún más al espíritu fibroso que nos invade.
El inicio del partido se sintió desde la tribuna como un aletargamiento excéntrico pero por fin Pitana dio apertura al cronómetro que cada uno de nosotros tenía consigo. Durante la primera mitad del encuentro, los pases no lograban quedarse a los pies de los jugadores. El balón levitaba por encima de los personajes principales del partido pero ninguno parecía interesado en hacerlo aterrizar. Costó el enganche pero Racing se vio unido. Los laterales estaban descuidados pero aún así pudimos mantener el arco invicto casi durante todo el PT.
Antes del citado gol, varias fueron las oportunidades que hicieron que mi corazón se menoscabe con el riesgo de volcar todo su contenido al torrente sanguíneo… pero aún así… aún sabiendo que ya había sido testigo ocular de situaciones similares… la anotación me tomó desprevenida y en un acto reflejo me ví elevando los brazos y expresando de una manera colérica el gol, no una sino tres veces como si con cada exclamación, acentuara la credibilidad del marcador.
Todo era optimismo. Nos embriagábamos de tan solo mirar al otro… el cual también irradiaba una satisfacción plena evidenciada en su rostro colorado, en el movimiento oscilatorio de su rostro de izquierda a derecha ( y viceversa) envuelto con ambas manos …
En el complemento, los ánimos se apaciguaron por la desdicha de saber que no teníamos el marcador inclinado hacia nuestro lado.
Ese desamparo fue convirtiéndose en desgano pero esta vez a cargo de los hinchas. El desempeño rozó los límites terrenales. Los jugadores perseguían una pelota la cual parecía ( y de hecho lo demostró) burlarse de cada uno de ellos. Racing no era dueña del balón ni de sus actos.
Los intérpretes del partido no encontraron nunca la posición dentro del campo y todo parecía demostrar que la idea era intentar que Racing tocara al menos la pelota. Sentimientos ambivalentes debieron haberse cruzado en la conciencia de varios de los que allí estábamos puesto que las canciones que teloneaban el encuentro iban aumentando su contenido violento.
En intervalos espaciados de 5’, miraba de re ojo la postura del Técnico de la Academia intentando vislumbrar (considerando las distancias) su decisión sobre la continuidad.
Nota: No pude ver nada.
Hacia el final del partido, mixtura entre la algarabía que se manifestaba a través de la pirotecnia dentro de la popular y las canciones que ponían énfasis en el clásico que viene. Ya no importaba si el desenlace no nos consideraba conquistadores de la fecha. Ahora la adquisición iba dirigida al enfrentamiento con Independiente.
Los últimos encuentros no dieron el saldo que esperábamos. Los números no pueden trazarse a la ligera. Requiere de una tarea metódica y precisa, de la cual al momento, no somos dueños.
Remanente de la fecha: Persistencia del Coco.
La semana que ya ha iniciado nos presagia trabajo continuo, concientización colectiva y volver a precipitar la esperanza de filiación, una etapa individual de carácter armónica que promueva la tentación a ganar, que sea el cebo que nos lleve escalones más arriba en la tabla y que nos haga ilusionar con el título…
Dejo todo por la Academia, ganes o pierdas te sigo igual…
Un sentimiento inexplicable que se lleva adentro no puedo parar.
Vamo’ Academia, que tenes que ganar, vamo’ Academia la vuelta vamo’ a dar.
Vamo’ Academia, no le falles a toda tu gente…

domingo, 8 de abril de 2012

R.A.C.I.N.G.

(Reacción Aleatoria Con Indices Notablemente Gratos)
Y este sentimiento de pertenencia, de identificación, de equivalencia… ¿De dónde viene? ¿Por qué adherimos a un Club? ¿Por qué la unicidad nos determina durante los años que permanezca la elección? Los factores son varios: herencia, iniciativa, compromiso… Sea cual sea el elemento concomitante o disparador, todo lo que sucede a posteriori es una situación reactiva de la primera instancia.
Nos sentimos ingredientes de una misma razón; compartimos piezas claves del devenir del equipo, sufrimos la inestabilidad del grupo a la par de los jugadores y todo por esa característica tan impregnada que poseemos cada uno de nosotros: incondicionales admiradores del culto deportivo.

Cualquiera sea la razón que despliega el estremecimiento que conllevamos a diario, las ideas convergen en una sola: el agradecimiento verdadero, auténtico, positivo e inclaudicable hacia algún tercero que nos ha insertado en este mundo fubolístico, o reconocimiento hacia nosotros mismos por haber despertado a tiempo a este sentir, a la conmoción que hace las veces de legado después de cada encuentro, cada fecha, cada noticia sobre la insignia de la cual nos hemos apoderado.
Qué bien se siente saber que se puede provocar tantas cosas en uno… Sensaciones potenciadas en cualquier contexto en que se las evoque…
Qué bueno poder sentir íntima, una divisa tan grande como lo es un equipo.
Etimológicamente, un símbolo es “la representación perceptible de una idea, con rasgos asociados por una convención socialmente aceptada” y entendemos por convención a esa multitud congregada de un lado o del otro, en donde el lazo que prima es la consanguinidad. En este plano quedan de lado los prejuicios religiosos, étnicos o culturales… Todos estamos por un mismo motivo y el lenguaje rescinde para dejar paso al entusiasmo, la exaltación, el fervor por ver en otros, representado aquello por lo que uno brega día a día.
El tiempo pasa a cuenta gotas cuando un evento que nos induce al bienestar está próximo… y nada se puede hacer contra ello… Sólo evocar imágenes, recrear escenas en donde el ritmo cardíaco se eleva hasta niveles límites por la simple y llana razón de sentir… de vivir…
Poco más de 24hs faltan para que estas ideas que se han estado gestando, confluyan en un grito inusitado, un canto armónico y popular que denote el carácter inequívoco de quienes cumplimos parte de Racing Club de Avellaneda…
Allá vamos.