Era una fecha difícil. El encuentro prometía ser angustiante sabiendo la dupla de intereses que había en juego: la sumatoria de puntos y como ápice de las noticias, la continuidad o no de Basile.
Como en toda ida al Cilindro, uno reúne las energías que pretende contagiar en el equipo. La caminata se despliega de manera intensa y firme, como si la idea de tocar el piso de en forma resuelta y decidida aportara aún más al espíritu fibroso que nos invade.
El inicio del partido se sintió desde la tribuna como un aletargamiento excéntrico pero por fin Pitana dio apertura al cronómetro que cada uno de nosotros tenía consigo. Durante la primera mitad del encuentro, los pases no lograban quedarse a los pies de los jugadores. El balón levitaba por encima de los personajes principales del partido pero ninguno parecía interesado en hacerlo aterrizar. Costó el enganche pero Racing se vio unido. Los laterales estaban descuidados pero aún así pudimos mantener el arco invicto casi durante todo el PT.
Antes del citado gol, varias fueron las oportunidades que hicieron que mi corazón se menoscabe con el riesgo de volcar todo su contenido al torrente sanguíneo… pero aún así… aún sabiendo que ya había sido testigo ocular de situaciones similares… la anotación me tomó desprevenida y en un acto reflejo me ví elevando los brazos y expresando de una manera colérica el gol, no una sino tres veces como si con cada exclamación, acentuara la credibilidad del marcador.
Todo era optimismo. Nos embriagábamos de tan solo mirar al otro… el cual también irradiaba una satisfacción plena evidenciada en su rostro colorado, en el movimiento oscilatorio de su rostro de izquierda a derecha ( y viceversa) envuelto con ambas manos …
En el complemento, los ánimos se apaciguaron por la desdicha de saber que no teníamos el marcador inclinado hacia nuestro lado.
Ese desamparo fue convirtiéndose en desgano pero esta vez a cargo de los hinchas. El desempeño rozó los límites terrenales. Los jugadores perseguían una pelota la cual parecía ( y de hecho lo demostró) burlarse de cada uno de ellos. Racing no era dueña del balón ni de sus actos.
Los intérpretes del partido no encontraron nunca la posición dentro del campo y todo parecía demostrar que la idea era intentar que Racing tocara al menos la pelota. Sentimientos ambivalentes debieron haberse cruzado en la conciencia de varios de los que allí estábamos puesto que las canciones que teloneaban el encuentro iban aumentando su contenido violento.
En intervalos espaciados de 5’, miraba de re ojo la postura del Técnico de la Academia intentando vislumbrar (considerando las distancias) su decisión sobre la continuidad.
Nota: No pude ver nada.
Hacia el final del partido, mixtura entre la algarabía que se manifestaba a través de la pirotecnia dentro de la popular y las canciones que ponían énfasis en el clásico que viene. Ya no importaba si el desenlace no nos consideraba conquistadores de la fecha. Ahora la adquisición iba dirigida al enfrentamiento con Independiente.
Los últimos encuentros no dieron el saldo que esperábamos. Los números no pueden trazarse a la ligera. Requiere de una tarea metódica y precisa, de la cual al momento, no somos dueños.
Remanente de la fecha: Persistencia del Coco.
La semana que ya ha iniciado nos presagia trabajo continuo, concientización colectiva y volver a precipitar la esperanza de filiación, una etapa individual de carácter armónica que promueva la tentación a ganar, que sea el cebo que nos lleve escalones más arriba en la tabla y que nos haga ilusionar con el título…
Dejo todo por la Academia, ganes o pierdas te sigo igual…
Un sentimiento inexplicable que se lleva adentro no puedo parar.
Vamo’ Academia, que tenes que ganar, vamo’ Academia la vuelta vamo’ a dar.
Vamo’ Academia, que tenes que ganar, vamo’ Academia la vuelta vamo’ a dar.
Vamo’ Academia, no le falles a toda tu gente…
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