martes, 17 de abril de 2012

Hola.

 El saludo es un hábito incorporado en casi todas las culturas. Puede variar el modo en que uno lo practica como así también el contexto. El que hoy nos convoca refiere al ámbito laboral... Esas situaciones en las que nos vemos obligados a cumplir con el estatuto social pero que -al pensarlo más de una vez- todo se complica. Veamos unos ejemplos.

a) Almuerzo.
Nos integramos en un comedor común en el que la mitad de la gente... bueno... está comiendo. Irrumpimos en la sala con un "Buen provecho" (porque si decimos  o , podemos herir a aquellos que utilizan como rango comparativo las 12am para distinguir antes y después del meridiano; otros infieren en la "tarde" después de las 13hs; algunos otros saludan con esa expresión sólo después de almorzar... y unos pocos decimos "Buen día" en tanto no hayamos visto a esa persona durante toda la jornada). Volviendo al ámbito, concluimos en un "Buenas tardes"... Y en ese momento... si prestamos atención, podemos ver a diferentes personas que en el acto de no faltar a la educación pueden incurrir a ella en el mismo gesto. ¿Cómo? Al querer contestar y terminar de digerir la comida que se encuentar en la cavidad bucal, con lo cual en un ademán apresurado por tragar, pueden ahogarse y consecuentemente, exhibir un color violáceo y un brillo en los ojos como notación de la asfixia percibida.

b) Casual.
Esos encuentros ocasionales en la entrada del Edificio, en los ascensores... los cuales duran milésimas de segundo y sin embargo nunca se sabe cómo reaccionar. Si se pasa por al lado de la persona, el solo contacto visual bastaría para cumplir con la costumbre, pero en ese instante... uno pocas veces sabe si éso es suficiente. Ocurre la contorsión involuntaria para acercarse a la otra persona, aún desconociendo si la otra entidad se volcará sobre nosotros para contribuir al gesto. En ocasiones positivas, resulta. En otras, nos quedamos a la espera de ese saludo que no vino, que no pasó y que intentamos remediar con cualquier otro gesto que opaque la turbación que nos inunda durante los segundos anteriormente vividos.

c) Como último ejemplo tomamos esas situaciones en las que no recordamos el nombre del otro, de aquel sujeto que vemos a diario, con el cual hemos compartido esperas de ascensor, la expectativa de ver cómo se cocina la comida en el microondas y quién sabe si también nos lo hemos encontrado intentando zarandear la máquina de golosinas cuando el artículo que queremos está ahí... al borde... a punto de ser lanzado hacia nuestras manos... pero no. Casi... quizá.... por poco, pero NO cae.
Ante este hecho intentamos no usar -obviamente- nombres propios, porque es justamente lo que no podemos evocar. Preguntas ambiguas como "¿Cómo le va?" "¿Todo bien?" o "Hace mucho que no lo/a veía" auxilian al emisor del mensaje.
Otras veces, esperamos que más gente se sume a la reunión improvisada intentando menoscabar nuestro grado de ansiedad por enconmendar a la  memoria, en el afan de sujetar el nombre en el caso que ocurra la mención.

Todos estos ejemplos citan el tan ponderado "Saludo laboral", generador de sudores improvisados, enrojecimiento facial, tos convulsa ( producto del típico catarro nervioso) y otros tipos de sintomatologías que tan al descubierto nos dejan.

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