lunes, 30 de diciembre de 2013

Manifiesto oportunista



Hay cosas que no se entienden y que no las vamos a entender por más que repitamos la secuencia o pensemos la palabra tantas veces como haga falta para que pierda sentido su pronunciación.
Y sin embargo, siguen sucediendo tal como pasa lo que tiene que pasar: el devenir del fin de semana, el cumpleaños que odias cada año y pretendes disimular con una vela que diga SIN CUENTA... en fin.
¿De qué estamos hablando? De las predicciones. Sí, señor. Pero no cualquier predicción, digo... nada más alejado de mí citar ejemplo de juegos ilegales que sortean en la mañana, la media mañana, la tarde y la noche... como si de una dieta se tratara no? Faltan las colaciones y estamos todos... "parió la abuela" diría alguno por ahí.
Tampoco estamos hablando de ensayos astrológicos. No soy de aquellas personas que leen la parte de las revistas que los contienen. De hecho, no compro revistas pero si lo hiciera o me regalaran alguna ( y si lo hacen seguramente no me conocen porque saben que tengo tanto rechazo por esas publicaciones como lo tengo hacia Pepe Sand, German Denis y el retirado gracias a la edad y al deterioro físico, Bichi Fuertes) sabrían que mis ojos no se detendrían en los horóscopos.
Y no quiero hablar de la reciente fallecida Lili Sullos porque alguien podría decir después que esta nota tiene un contenido morboso, que mis chistes en su mayoría son negros, que tengo un humor ácido... y sería verdad pero el caso, es que acá no tengo ganas de nombrar personas que han ingresado al sueño eterno. Entonces, voy a evitar eso y continuar.
La evolución humana -o la ineptitud accidental- permiten que uno pueda prever una situación de manera tal que se cumpla a rajatabla... como si de acto voluntario se tratara.
¿A qué me refiero?. Veamos unos ejemplos todos ellos relacionados con el género opuesto a mí... claramente, el recorte de la población que al contener rasgos anatómicos diferentes, obturan nuestra atención, son causantes de deseo y de la famosa y tan ponderada emoción de irritación y rabia causada por la indignación de sentirse vulnerados nuestros derechos. Es decir, la ira.
Sabemos que la especie masculina no camina sin pisar. No da puntada sin hilo ni deja títere con cabeza. Frases más que utilizadas durante muchas, muchísimas generaciones. Entonces entendemos y hablamos sobre la experiencia de saber que alguien considerablemente caballero, alguien extremadamente simpático y detallita, la mayoría de las veces... te quiere bajar. Simple y llano como eso. En el olvido ha quedado la premisa que alguien que se acerca a vos sea el contexto que fuere, busca una amistad. Ya no lo creemos. Ya no lo ESPERAMOS. No queremos más amigos. Queremos decisiones, señores. Pongan lo que tengan que poner sobre lo que sea; saquen lo que tengan que sacar. ¡Amigos tengo muchos, no quiero uno más! Bueno, me estoy yendo...
Hay quienes no sólo exageran su gentileza, simpatía y sonrisa sino que saben que tiene con qué. Esta aclaración va para los sujetos que no atraen al polo opuesto, al mismo polo ni a Marco Polo (malísimo) pero que sin embargo, se sienten como Barba Negra... un pirata.
Entonces, estábamos en la conducta masculina. Los siguientes ejemplos intentarán atestiguar la poca, llana y obsoleta capacidad de fraguar una acción sin dejar al descubierto la capacidad libidinosa de investir y revestir a una mujer con la simple recorrida visual. Quise pero no pude hacer una evaluación generacional. Este estado los ataca desde adolescentes, cuando intentan pasar la línea que los separa de la adultez, cuando son quincuagenarios y al empezar la tercera edad.

Caso A
Hombres que observan desde las sombras a la mujer que tienen en la mira. Intentan cruzarla en la calle, al salir del edificio, en el quiosco, en la puerta del trabajo, en el ascensor. Generalmente contienen cómplices debidamente disfrazados pero que están a la luz de la escena. Fácilmente divisables que cumple la función de la llamada infantil "campana" avisándole por diferentes medios, el arribo o aparición de la mujer. Caso muy obvio cuando el fantasma está en determinado lugar con el celular, aparece ELLA y en cinco... cuatro... tres... dos... uno... Aparece EL.
Seamos más discretos, muchachos.

Caso B
Hombres que en el intento de levantarse a una mina intentan mimetizarse de manera casi gelatinosa con ella adhiriendo a todos, y digo todos sus gustos. Y como bien sabemos, somos una categoría de las más variadas que hay sobre el planeta tierra así que ellos corren el riesgo de ir a un recital de Calle 13 o Ella es tan cargosa (que dicho sea de paso hoy ví una publicidad anunciando un recital en el ND Ateneo... Y me pregunté... ¿Llegamos a esto? ¿Qué estilo tocan? Con ese nombre prefiero ser hipoacúsica antes de asistir. Sí, soy prejuiciosa pero hoy, hoy viernes, NO me interesa). Y también pueden pasarse horas enteras peregrinando entre flores y cestas de mimbre porque "Adoro las artesanías de Tigre, gordi!!!". Bueno, no. No me gustan las artesanías, objetos de decoración y las espigas de caña o no sé de qué, que se me enredan en el pelo ni bien paso por al lado.

Caso C
Comparten un mismo edificio, laboral por ejemplo. Y vos no lo ves casi nunca. Pero pasas, caminas y de repente... te llega un mensaje al celular indicando qué tenes puesto, qué perfume dejaste como estela en el ambiente y con qué otra cosa podrías haberte vestido si estuvieras siendo parte activa de la fantasía que acaba de disparársele a este Don Juan.
Alguien nos observa siempre. Ya lo dije más de una vez pero aquí reitero: el trabajo es un gran Gran hermano.
Y yo creo que podría continuar con todo el abecedario de ejemplos. Algunos más detallados, otros menos. Lo que los reúne es la basicidad con la que se mueven. No quiero empezar con la guerra de géneros o los comentarios despectivos pero seguramente un niño de 3 años, momento en el que en su aparato psíquico está en construcción. Instancia de la vida en la que aprenden seriación en el jardín de infantes y donde según el trabajo investigativo de Pavlov, podría moldearse para formar un gran hombre o un gran criminal (basado en el conocimiento por condicionamiento) tendría una salida más rebuscada, más armada desde el punto de vista de la lógica y la sensatez.
Hombres de ayer y de hoy son el mal necesario para algo... quizá una compañía en un desayuno, una recorrida por la plaza cuando no tenemos mascotas o quizá un compañero para jugar al Flypper que BIEN sabemos es INDIVIDUAL pero ellos sólo estarían al lado nuestro... cumpliendo la función que ellos quieren. Porque a eso hay que apuntar... a que crean que son importantes y astutos como un zorro. La idea es generar un proyecto que salga de nosotros pero transformarlo de manera tal que piensen que ellos fueron los creadores de tan brillante y eficaz plan.
Terminamos los dos contentos: ellos porque se suponen conquistadores del proyecto y nosotras porque en definitiva se cumple aquello que queríamos y porque terminamos saliéndonos con la nuestra.
Así que muchachos... a otra cosa, mariposa.

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